Luna de Valencia

Luna de Valencia

Valentina Caputo

Luna de Valencia es el refugio que ilumina lo más insignificante de lo cotidiano e intenta comprender al mundo con un toque de humor. Luna de Valencia es la explosión de cada sentimiento que gira y se traslada por ciclos de amor, ilusión y reflexión.

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Valentina Caputo

Valentina Caputo

Valentina Caputo (Buenos Aires, 1989) es escritora y redactora creativa. Se dedicó a la comunicación digital. Estudió periodismo, counceling y actuación. Vivió entre Roma y Amsterdam durante algunos años donde continuó abriendo su mente al mundo. Busca la simpleza en cada uno de sus textos y escribe para que el universo se vuelva un poco más fácil. Luna de Valencia nació como un blog para entender y se volvió libro para expandirse e imaginar.

Luna de Valencia

Mil palabras como caramelos, es una manera de presentar Luna de Valencia,  un libro con 61 relatos, escritos con una mirada fresca y personal, con inteligencia y humor. 

 

Mil palabras como caramelos

Me di cuenta de que tengo un problema, algo crónico, una deficiencia, patología o un síndrome. Hace un rato googleé si existe algo parecido a esto que me pasa, intenté definir mis síntomas y reducirlos a la enfermedad que quisiera tener para poder vivir mi vida en reposo sin sentirme tan culpable. La realidad es que soy muy vaga, y no existe término neurológico que ayude a justificarme. 
A veces tengo ganas de muchas cosas pero todo termina cuando me doy cuenta de que para que pasen las “muchas cosas”, o al menos algunas, me tengo que mover demasiado. No existe mucha acción en mi vida pero en mi cabeza pasa de todo. Por eso escribo, me invento una “yo” mejor, una  que hace cosas y materializa sus sueños en una vida intensa llena de actividades: todo eso que quiero pero que me da pereza hacer es lo que invento en mi ficción, les doy vida a mis palabras y ellas fluyen, me llevan de viaje, juntas vamos a lugares que elijo y otras veces a tiempos que ya conozco pero a los que quisiera volver. 
La palabra siempre me salvó y de alguna forma logró cuidarme de mi gran problema de no querer hacer nada. Me gusta vegetar, disfruto de que se me resbalen las horas mientras no hago nada o escucho música y así medio viva pero quieta mi mente vuela...me imagino cosas, me invento las que no existen y hasta disfruto de lo que quisiera hacer y no hago -pensarlo e imaginarlo ya me basta-, o al menos hasta que se me ocurra otra cosa, otro sueño que remplace el anterior... 
La palabra también me salva cuando hablo, y es de las pocas cosas que puedo, desde las ganas, volver acción, en tiempo y forma real. 
Soy adicta a la expresión constante, necesito contarle al mundo lo que me pasa, me gusta reunirme para hablar, gesticular, para escuchar también, pero dar mi punto de vista y llenarme como de caramelos, mi boca de palabras. 
Llego, excéntrica, prendida, llena de energía por cada frase que sale de mi organismo por necesidad, y exactamente eso es lo que hago cuando intento copiar el ritmo de mi mente que va siempre tan rápido. Me gusta tanto la palabra que definirme con solo una me sería imposible. 

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